Respirar y Escuchar

Por Tom Gueneau, socio Más Consciente.

“Todo fenómeno bien percibido desarrolla un nuevo órgano de la percepción»
– Goethe

Estamos viviendo momentos sin igual. Incluso si se acabasen mañana el confinamiento y la amenaza de contagio y colapso del sistema de salud, los cambios de nuestras rutinas y relaciones durante este tiempo tendrán repercusiones que seguirán desafiando nuestra capacidad adaptativa.

Estamos en una crisis sanitaria, social y económica, política, civilizatoria. La crisis sanitaria está relacionada también con la configuración social, con la desigualdad estructural, con la crisis de representatividad. Las premisas de desarrollo humano y económico que hemos ocupado hasta aquí nos han permitido alcanzar cierto bienestar y un creciente malestar.

Para adaptarnos al nuevo contexto en que estamos, hemos de permitir la emergencia de nuevos relatos de la realidad. Esto puede ser una amenaza si acostumbro imponer mi punto de vista mediante mi cargo, status, y/o poder. Y hay algo muy concreto y de alto impacto que podemos hacer para prepararnos para una nueva armonía y un renovado tejido social: desarrollemos profundamente nuestra capacidad de escucha. En sus diferentes formas y con conciencia.

Cuando escucho, respiro

El primer requisito para escuchar de verdad es conocer y hacer amistades con el silencio. Aprender a estar presentes en el silencio. 

Una manera crecientemente popular para desarrollar esa presencia en el silencio es la práctica de la atención plena o mindfulness: permanecer atento al flujo de nuestra respiración, a las sensaciones en nuestro cuerpo, a los vaivenes racionales y los pensamientos flotantes que aparecen y que, a menudo, nos toman y nos sacan de la conciencia de la respiración. Podemos intentarlo en cada y cualquier momento.

Aunque inicialmente podría asumir que mi mundo interno está condicionado (¿determinado?) por el contexto en el que vivo (lo de «afuera»), la práctica sostenida de la conciencia plena me lleva a darme cuenta que el modo en el que percibo, digiero y hago sentido del mundo es, en gran medida, un resultado de mi mundo interno. Emociones, creencias, tendencias, anhelos; juegan un rol fundamental en afectar nuestra percepción del mundo.

¿Con qué emociones estoy escuchando? Desde la conciencia de la respiración, escucho mis emociones y sentimientos, escucho la orquestación de sentires, narrativas, necesidades y creencias. Y sin identificarme con ninguna, puedo elegir seguir en la presencia de la respiración, en la consciencia de la emergencia de algo nuevo, en la efervescencia de la vida.

Cuando escucho, regenero

Si aún no has escuchado o leído a Otto Scharmer o sobre la Teoría U, te invito a que lo hagas. Scharmer, austríaco de nacimiento, catedrático del MIT (Massachusets Institute of Technology) y fundador del Presencing Institute. Desde esa misma institución, ha logrado posicionar una teoría de cambio social que nos permite pensar en resultados distintos, porque echa mano a recursos distintos: no solamente a nuestras habilidades de procesamiento racional, ni tampoco solamente a nuestras estrategias políticas. Necesitamos poner conciencia en la esencia profunda de nuestro ser, más allá de las creencias o estructuras. Y operar desde allí. Como un místico que ha logrado instalar una herramienta holística de cambio social desde el MIT.

El cambio social profundo y verdadero -afirma-, ocurre cuando operamos desde nuestra presencia. Para llegar a la presencia, sugiere tres actitudes generativas: mente abierta (curiosidad), corazón abierto (empatía y compasión), voluntad abierta (coraje).

Amar es dejar aparecer al otro en su máxima legitimidad. Eso nos lo recuerda a menudo Humberto Maturana. En el amoroso acto del escuchar, permito que quien enuncia pueda descubrirse enunciando su realidad, su verdad. Cuando escucho presente y con atención, sostengo un espacio de conexión y de posibilidad.

Esa escucha regenera, nos teje en el entramado de la vida. Cuando escuchamos así desarrollamos nuestra empatía y nos sintonizamos con la abundancia de la vida. No significa que todo lo que escuchemos nos será grato de escuchar o que desaparecerán los conflictos de nuestra vida. Tendremos excelentes herramientas para crear colectivamente los escenarios de armonía y bienestar compartido que anhelamos.

Cuando escucho, renacemos

Hace un par de años, en una noche frente a un fuego le encontré tocando una melodía. Le había visto varias veces durante el día, en diversas actitudes de escucha: ya fuera tocando suavemente algún instrumento como una melodía de fondo a su escucha o en silencio atento.

Allí estaba tocando suave su charanguito. «Te veo escuchando» – le dije. Y me miró con calma, y asintió mientras seguía pulsando cuerdas con gracia y armonía.

«¿Qué haces cuando escuchas?» me encontré preguntándole mientras miraba el fuego.

Dejó de tocar. Tomó el charango con ambas manos. Y girándose me dijo: «a veces, cuando estoy escuchando, me dan ganas de decir algo. Pero si sigo escuchando atentamente, con presencia e intención, a menudo termino escuchando lo que quería decir, dicho por alguien más».

Esa observación, desde la sensibilidad y maravillosa creatividad de la música, nos regala un entendimiento que cuestiona bastante nuestras nociones y nos ofrece un contexto de unidad e interdependencia.

Y nos desafía a aventurarnos, a la práctica de la escucha consciente. (inhalo) Estoy escuchando. (exhalo) Me doy cuenta que estoy escuchando. (inhalo) Escucho tu alegría. (exhalo) Celebro y me alegro.

Hace sólo una semana celebramos We Tripantü, el retorno del sol. Luego de la noche más larga, celebramos que los días se alargan. Es un renacer y una oportunidad para dejar ir ciertas ataduras y costumbres para dejar venir, dar espacio a nuevas prácticas y nuevos entendimientos. º¿Cómo se manifiesta la efervescencia, abundancia y diversidad de la vida desde esa conciencia? Escucho. Mente abierta, corazón abierto, voluntad abierta.

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